ANA FERNÁNDEZ BARRACA

Estudiante de Traducción e Interpretación, consiguió una beca para estudiar en Tokio. Combina sus estudios en la Universidad de Ferris de Yokohama con prácticas en el Instituto Cervantes de Tokio.

 

Experiencia japonesa: 

La primera vez que estuve en Japón me sentí como si acabara de llegar a otro mundo. A pesar de ser bastante joven, hasta ese entonces había viajado bastante por América y Europa. Sin embargo, nada de lo que había visto antes se podía comparar con Japón. Todo era diferente; desde el estilo de los edificios y calles, y la forma achatada de los coches, hasta cosas tan cotidianas como hacer la compra o coger el tren. Durante ese primer viaje me enamoré de las calles nocturnas de Tokio, iluminadas por un sinfín de colores y abarrotadas de gente a todas horas. Me enamoré también de los onigiri, del sushi, de la tempura y del oyakodon. Y, por supuesto, me enamoré de esos rincones recónditos que encuentras al salir de Tokio, donde se mezclan el verde intenso de la naturaleza y la majestuosidad de los templos.

Durante el primer año que pasé viviendo en Japón, mientras estudiaba en la Universidad de Rikkyo, pude empaparme y aprender de su cultura, algo que nunca habría podido hacer siendo una mera turista. Por ejemplo, aprendí que los japoneses, a pesar de ser muy disciplinados a la hora de trabajar, son también unos verdaderos expertos en relajarse y disfrutar de la vida, con sus onsen, ryokanes o izakayas.

También me dejé empapar por su energía y vitalidad, y aprendí el valor del esfuerzo y a trabajar duro por lo que uno quiere. Me sentí inspirada por amigos japoneses que, a mi misma edad, además de asistir a sus clases en la universidad, participaban en una o dos actividades extraescolares, trabajaban a tiempo parcial y, cada vez que tenían tiempo libre, en lugar de quedarse en casa salían para ir al cine, hacer senderismo, picnic, etc. Eso me hizo cambiar completamente mi forma de ver la vida y de cómo estaba empleando mi tiempo. Gracias a su influencia me volví mucho más activa, lo que me ha llevado a esforzarme mucho más en todos los ámbitos de mi vida y a tener muchas más experiencias: desde prácticas, voluntariados y estancias con familias japonesas hasta participar en clubes universitarios y viajar.

Me llegué a acostumbrar tanto al estilo de vida japonés, con sus pros y sus contras, que cuando volví a España no podía evitar sentirme fuera de lugar constantemente. Por eso, y para acabar de aprender el idioma, a los cuatro meses de regresar a España decidí que necesitaba vivir en Japón otro año más.

A día de hoy puedo decir que estoy completamente a gusto en Japón y que lo considero mi segundo hogar. La vida en otro país puede ser una experiencia de lo más enriquecedora, y si uno está dispuesto a llenarse de recuerdos inolvidables y aprender cosas nuevas, Japón puede ser el destino ideal.

Sobre mí: 

Desde niña me he sentido muy atraída por la cultura asiática y, tras viajar a Japón con 18 años, me enamoré totalmente del país. Sin embargo, no fue hasta que empecé el grado en Traducción e Interpretación en la Universidad de Salamanca que tuve la oportunidad de estudiar japonés y de entrar realmente en contacto con la cultura japonesa. Accedí al grado con inglés como primera lengua de trabajo y, aunque en un principio tenía pensado escoger francés, me decanté por japonés como segunda lengua en cuanto supe que era posible.

En segundo de carrera me concedieron una beca para cursar un año en la Universidad de Rikkyo, en Tokio. Allí pude convivir con otros estudiantes de todas partes del mundo, lo que se convirtió en una valiosa experiencia internacional y me permitió conocer muchas más culturas más allá de la japonesa.

Esta experiencia, además, me aportó un acercamiento al idioma que no podría haber conseguido desde España, lo que, a su vez, me llevó a decidir que quería especializarme en el japonés como lengua de trabajo principal en lugar del inglés.

Tras volver a España, en tercero de carrera, decidí que necesitaba pasar más tiempo en Japón para terminar de aprender el idioma. Por esta razón,  solicité plaza por medio del programa internacional de la Universidad de Salamanca para realizar un año de intercambio en la Universidad de Ferris, una universidad femenina en Yokohama.

Al tratarse de una universidad relativamente pequeña, no hay muchas estudiantes de intercambio y es posible integrarse completamente con las estudiantes japonesas.  Así, en los meses que llevo aquí, he podido perfeccionar mi japonés y experimentar el día a día real de un estudiante universitario en Japón.

Actualmente estoy en cuarto de carrera, en los últimos meses de mi segunda estancia en Japón. Además de las clases en Ferris estoy realizando prácticas en la sección de cultura del Instituto Cervantes de Tokio y un voluntariado como asistente de conversación de español en la Universidad de Juntendo.

Estudios: Grado en Traducción e Interpretación, Universidad de Salamanca

Residencia: Kanagawa / Asturias

Contacto: Email

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